Presentación | Miembros | Objetivos | Metodología | Resultados | Novedades
Links | Bibliografía | E-mail | Portada
TERRISC

RECUPERACIÓN DE PAISAJES DE TERRAZAS
Y PREVENCIÓN DE RIESGOS NATURALES
PAISAJES DE TERRAZAS EN GRAN CANARIA

La isla de Gran Canaria, situada en el centro del archipiélago canario, es una de sus islas mayores. Con una superficie que asciende a 1560 Km2, ocupa el tercer lugar en extensión, situándose tras Tenerife y Fuerteventura. La máxima altitud de la isla se sitúa en el Pico de las Nieves, a 1949 metros, por debajo de las elevaciones que se alcanzan en Tenerife y La Palma. Su forma es casi circular, con 256 Km de perímetro costero.

LOCALIZACIÓN DE LA ISLA DE GRAN CANARIA












Su relieve es masivo y abrupto, y, a rasgos generales, se caracteriza por la alternancia de interfluvios y barrancos que siguen una disposición radial. Estas características han representado un importante condicionante en el proceso del poblamiento insular y, en consecuencia, en el aprovechamiento económico de de su territorio.

El crecimiento de la población insular se acelera a partir de la segunda mitad del siglo XIX, hasta alcanzarse el techo de ocupación a mediados del siglo XX. Es a lo largo de este proceso de colonización del espacio en el que se produce la ocupación agrícola de las vertientes y la construcción de bancales: una vez colmatadas las escasas superficies llanas existentes, conocidas como vegas, se hace necesaria la ampliación de la superficie agrícola para satisfacer la demanda de alimentos por parte de una población creciente. Su construcción responde, pues, a la necesidad de incrementar la superficie agrícola, pero también a la de captar otro recurso escaso en la isla, el agua.

Como resultado del proceso descrito, se generan paisajes de terrazas o bancales tremendamente diversos. Esta diversidad se pone de manifiesto es cuestiones tan variadas como son las condiciones ambientales en las que se ubican (litología, topografía, condiciones climáticas,…), las tipologías constructivas, los tipos de cultivo, la intensidad de uso, y, tras el abandono agrícola, en la tipología de procesos erosivos que se desarrollan, el desigual grado de regeneración natural de la vegetación y los usos posteriores.

CROQUIS DE LOCALIZACIÓN DE LA CUENCA DEL GUINIGUADA En este marco general, la zona piloto seleccionada para estudiar el patrimonio de bancales y su interacción con la dinámica de vertientes corresponde a la cuenca hidrográfica del Guiniguada. Ubicada en el noreste de la isla de Gran Canaria, presenta una orientación NE-SO y una superficie de 65 km2. Es pues una cuenca de reducidas dimensiones, pero de importantes desniveles (1866 metros en tan sólo 22 km de distancia entre la costa y la cumbre). En ella predominan los materiales volcánicos recientes (ignimbritas del Ciclo Roque Nublo, coladas y piroclastos basálticos), aunque también aparecen materiales de origen sedimentario (Formación Detrítica de Las Palmas) y materiales volcánicos más antiguos (fonolitas e ignimbritas del primer ciclo magmático).

Como resultado del gradiente que impone la altitud y de las interferencias del relieve con las masas de aire templadas y húmedas, transportadas por los vientos alisios, pueden distinguirse dentro de esta cuenca los principales geoambientes representativos de las islas montañosas: costa (< 400 m de altitud), medianías (400-1500 m) y cumbre (> 1500 m). Cada uno de ellos presenta características bioclimáticas y de aprovechamiento antrópico diferentes. Desde el punto de vista climático, las temperaturas muestran una amplitud que oscila entre los 20°C de media anual en la costa y los 15°C de media en la cumbre. Por otro lado, los máximos pluviométricos registrados en medianías altas y cumbres (> 800 metros de altitud), que varían entre los 750 y los 900 milímetros anuales, contrastan con el carácter desértico de la costa, en donde se registran algo menos de 150 milímetros anuales.

Los bancales presentes en esta cuenca responden a dos tipologías diferentes: bancales con rellano plano y bancales con rellano en pendiente.

Los bancales con rellano plano son los más frecuentes. La técnica consiste en recuperar artificialmente la horizontalidad del terreno en una vertiente, con el fin de obtener un espacio relativamente llano donde cultivar, aunque compartimentado en los escalones que representa cada bancal. En este grupo se pueden distinguir dos subtipos, diferenciados tanto por su morfología como por el tipo de aprovechamiento al que tradicionalmente se han destinado:

CULTIVOS DE COSTA DE PLATANERAS EN BANCALES Bancales del área de costa: son los que presentan unas infraestructuras más desarrolladas, tanto de acondicionamiento del terreno como de riego. Ello se debe al mayor grado de capitalización de las explotaciones, pues se trata de parcelas destinadas al cultivo del plátano para la exportación. En el contexto de la isla, y durante la primera mitad del siglo XX, se destinaron a este uso las áreas más fértiles del litoral, pero también se extendió por las vertientes más próximas donde la pendiente general (entre 21° y 26°) exigía el establecimiento de bancales. Los muros de estos bancales, originalmente de piedra seca y muchos de ellos hoy revestidos de hormigón, alcanzan en ocasiones los 10 metros de altura, constituyendo auténticas obras de ingeniería. La pendiente del bancal oscila entre los 3° y 6°, aunque muchos son prácticamente llanos, y la longitud del bancal está comprendida entre los 10 y los 30 metros. Una peculiaridad es que los suelos retenidos por estos muros, a diferencia de los otros tipos de bancales, son alóctonos. Es decir, han sido aportados artificialmente desde las medianías para reemplazar los suelos de la costa, muy poco adaptados al cultivo de la platanera. Junto a ello, al tratarse de una agricultura de regadío, aparece una variada infraestructura de riego (acequias, cantoneras, etc...) que añade mayor valor patrimonial a estos espacios. En el área de estudio constituyen el tipo de parcela menos abundante.

CULTIVOS DE MEDIANÍAS BAJAS DE FRUTALES EN BANCALES Bancales de medianías: predominan en el sector de la cuenca comprendido entre los 400 y los 1500 metros de altitud. Presentan un muro de piedra seca, que posee entre 1 y 3 metros de altura, y un rellano cultivable cuya pendiente se sitúa entre 0 y 3°. La longitud del rellano depende de la pendiente general de la vertiente en la que se instalan: los que se localizan sobre terrazas aluviales, o en los sectores inferiores de las laderas donde la pendiente se atenúa, tienen una longitud media entre 10 y 20 metros, aunque en algunos casos pueden alcanzar los 50metros; por su parte, los bancales instalados en los tramos medios o superiores de las laderas poseen una longitud media comprendida entre 7 y 10 metros. Tradicionalmente se destinaron al cultivo de secano (papas, maiz frutales) orientado al consumo familiar o al abastecimiento de mercados locales.

CULTIVOS DE CUMBRES DE CEREALES EN BANCALES Los bancales con rellano en pendiente se localizan en los sectores superiores de las medianías y en algunas zonas del sector culminante de la isla (cumbre). La existencia de unas pendientes más acusadas (entre 21° y 39°) y de una cobertera edáfica más reducida que en el tipo anterior, explican que en este caso el rellano cultivable presente una pendiente superior, comprendida entre los 8° y los 21°. Por su parte, la altura del bancal se reduce considerablemente, suele tener entre 1 y 1,5 metros, y la longitud de las parcelas oscila entre 3 y 50 metros, aunque en algunas zonas puede alcanzar dimensiones mucho menores. En algunos casos, cuando el terreno es muy abrupto, ni siquiera se llega a completar el muro de piedra que, con un carácter discontinuo y aprovechando incluso los afloramientos rocosos, se adapta a la topografía mediante estrechas barras de piedra seca, que sólo consiguen suavizar ligeramente la pendiente general del terreno y retener los pequeños enclaves donde se producen algunas acumulaciones de suelo. El aprovechamiento tradicional más extendido consistió en su uso como terreno de pasto o cultivo de plantas forrajeras, combinándose en las áreas más productivas con el cultivo de cereales y leguminosas para consumo humano. A partir de la década de los sesenta, muchas de estas zonas se han reconvertido en áreas de repoblación forestal.

DETALLE DE MUROS DE BANCAL En todos los casos descritos la construcción del muro se hacía tradicionalmente en piedra seca, siendo las rocas más empleadas el basalto y la fonolita, cortadas en cantos de un tamaño medio comprendido entre 0,30 m de longitud por 0,20 m de ancho y 0,20 m de alto. No obstante el material utilizado dependía estrechamente de la litología de la zona, sobre todo en el pasado, por lo que en determinadas áreas aparecen también otros materiales como la toba volcánica compactada, ignimbritas, traquitas, etc. En la actualidad los costes del material y de la fuerza de trabajo necesaria para reparar o construir los muros son tan elevados y, sobre todo si se tienen en cuenta los rendimientos finales de las explotaciones, que cada vez con mayor frecuencia se están reemplazando por muros de hormigón en masa, hormigón ciclópeo y, en menor medida, hormigón armado, cuando no se realiza el desmonte con palas mecánicas tipo buldozer y se deja de construir un muro de contención.. Esto supone, obviamente, un cambio sustancial de las características de los bancales tradicionales y del paisaje resultante. Los trabajos desarrollados hasta el momento dentro de la cuenca se han centrado en tres vertientes: los procesos de ocupación, aprovechamiento y abandono de su espacio agrícola; las consecuencias geomorfológicas del abandono; y el análisis de los bancales como patrimonio.


MAPA DE SUPERFICIE OCUPADA POR BANCALES a) Ocupación, aprovechamiento y abandono agrícola.
La importante riqueza en recursos naturales de la cuenca del Guiniguada, especialmente edáficos e hídricos, junto con el escalonamiento natural de los mismos, ha generado la existencia de varios niveles altitudinales a los que han correspondido distintos aprovechamientos tradicionales. Así, en el área de costa se instalaron los cultivos de regadío y exportación (caña de azúcar, barrilla, tunera, pita y, finalmente el plátano; el área de medianías fue el escenario principal de los sembrados de papas, millo, cultivos de huerta y frutales; y en la cumbre se extendió la explotación forestal y ganadera, con cultivos de cereal de carácter subsidiario a la actividad ganadera. Prueba de la amplia tradición agrícola de esta cuenca es que algo más de la mitad de su superficie ha sido cultivada en alguna ocasión a lo que hay que añadir que el 50% de dicha superficie se ha explotado mediante el sistema de terrazas.

CULTIVOS DE MEDIANÍAS ALTAS DE PAPAS EN BANCALES El cambio de de modelo económico, de agrario a urbano-turístico, producido en la segunda mitad del siglo XX, ha provocado importantes cambios de uso. Así, en la costa, el cultivo del plátano, implantado desde finales del siglo XIX, cede terreno al proceso urbanizador; y en la cumbre, la importante labor de repoblación forestal acometida por las autoridades insulares, desde la década de los cincuenta del siglo XX, ha reducido la superficie dedicada a su aprovechamiento forestal y ganadero. El abandono de las actividades agrícolas, aunque importante, es menos acusado en las medianías, donde el paisaje tradicional se imbrica con el fenómeno de la rururbanización y de la dedicación agrícola a tiempo parcial. El 20% de la superficie cultivada de la cuenca mediante bancales se encuentra completamente abandonada.

Los paisajes de terrazas se muestran, especialmente en esta cuenca hidrográfica, muy vulnerables frente al voraz proceso urbanizador que afecta a Canarias desde que tuvo lugar el cambio de modelo económico. El desarrollo urbano de la capital insular, que extiende sus influencias hacia el interior de la isla, está causando graves problemas al territorio y, de forma muy concreta, a la superficie abancalada. Cabe señalar que la magnitud del daño se incrementa desde la cumbre hacia la costa.

PRESIÓN ANTRÓPICA: URBANIZACIÓN SOBRE LOS BANCALES Así, en la costa sobre todo, pero también en las medianías bajas (400-800 metros de altitud), los bancales dejan de ser superficies agrícolas para convertirse en bolsas de suelo urbano para la construcción de viviendas, de vías de comunicación, o perviven como espacios marginales de escasa calidad paisajística.

Un trabajo recientemente realizado ha permitido comparar la evolución de los usos, además de la de las pérdidas de suelo de la cuenca, en dos años clave de este proceso: 1960 y 2002. En este trabajo, en el que se adapta la USLE a un entorno SIG, se parte de la idea de que un cambio de modelo económico como el descrito se manifiesta, a corto plazo, en la modificación de las coberturas del suelo que genera y, a medio y largo plazo, en el balance de agua y de sedimentos.

Evolución de las coberturas del suelo entre 1960 y 2002 Entre los resultados obtenidos destaca la reducción de la superficie agrícola en algo más de su mitad respecto a 1960. Paralelamente, se comprueba que la superficie agrícola abandonada se ha duplicado y que la cobertura urbana es la que se ha modificado en mayor medida, pues su incremento asciende a más de cinco veces su valor inicial en 1960. A lo expuesto cabe añadir que la mayor parte de la expansión urbana se ha realizado sobre áreas que permanecían en cultivo en 1960 y en menor medida sobre coberturas naturales y abandonadas en la primera fecha.

Este fenómeno es llamativo en el sector de costa y especialmente en medianías bajas. En el resto de sectores (medianías altas y cumbre), los cambios experimentados tienen semejante signo, pero el abandono agrícola no redunda en un aumento de la superficie urbana, sino en el de la superficie ocupada por la recolonización vegetal y las repoblaciones arbóreas, de menor trascendencia espacial si se les compara con el proceso urbanizador experimentado en cotas inferiores.

Categorías de tasas de erosión en 1960 y 2002, en % Si se analizan los resultados de la USLE en los dos momentos estudiados, se comprueba que también la tasa de pérdida de suelos ha experimentado cambios. En 1960, las categorías de erosión muy baja, baja y media representaban el 69,2% de la superficie frente al 44,4% actual. Los espacios con erosión superior a 50 Tm/ha/año, es decir con erosión alta, muy alta e irreversible han disminuido ligeramente. Es digno de mención el notable incremento que ha experimentado, en ese mismo intervalo temporal, la superficie ocupada por la erosión nula, en parte por el avance del proceso recolonizador de la vegetación sobre espacios abandonados, pero también por el del proceso urbanizador.

b) Consecuencias geomorfológicas del abandono agrícola.

Otros estudios han permitido realizar un acercamiento más detallado a las consecuencias geomorfológicas del abandono agrícola. Gracias a ellos se han podido llegar a conclusiones muy interesantes sobre el estado de conservación de los bancales. Distribución (%) de los procesos de erosión en relación con los pisos bioclimáticos y el tipo de campo El análisis de la relación que existe entre los procesos de erosión y el modelo de campos, pone en evidencia que las incisiones, el arroyamiento laminar y las terracillas son casi exclusivos del modelo de campos con rellano en pendiente. Por su parte, los desprendimientos y los deslizamientos aparecen con más frecuencia en los bancales con rellano plano, es decir, en aquellos en los que la modificación del perfil natural de las laderas ha sido extrema.

Por lo que respecta a la distribución altitudinal de los procesos, es necesario destacar la mayor concentración de todos aquellos que implican el desplazamiento masivo de partículas en las medianías bajas y las medianías altas, pero particularmente en las primeras. En ellas se localizan el 45% de los desprendimientos y el 44% de los deslizamientos. Ello se explica por la coincidencia, en estos niveles altitudinales, de la presencia de suelos con mayores contenidos en arcilla y la existencia de precipitaciones regularmente distribuidas, siendo el sector insular donde se registra el mayor número de días de lluvia al año. Las incisiones y el arroyamiento laminar son más propios del ambiente de costa, vinculados sin duda a la presencia de materiales detríticos con elevados contenidos en carbonato cálcico y a los problemas generados por la destrucción de los canales de riego en algunos campos abandonados de este sector. Finalmente, la presencia de terracillas es más frecuente en las medianías altas, donde se localizan todos los casos encontrados. Estas formas están muy ligadas al pastoreo y al constante pisoteo del ganado sobre los campos, pero, paradójicamente, no aparecen en los muestreados en la cumbre, donde esta actividad ha sido también muy frecuente en el pasado.

DETALLE DE LOS PROCESOS Los bancales más deteriorados se localizan en los geoambientes en los que el abandono es más antiguo (costa y cumbre), siendo los movimientos en masa (desprendimientos, deslizamientos y caída de piedras) los procesos dominantes. La mayor parte de los procesos erosivos aparece en las laderas con pendientes superiores a los 15°, con preferencia de las escorrentías por las laderas rectas. Los movimientos en masa se distribuyen aleatoriamente según la forma de la vertiente, localizándose la mayor parte de los desprendimientos en el sector inferior de las vertientes.

Asimismo, resulta particularmente significativa la presencia de bancales en explotación que muestran claros signos de deterioro, afectando, en algunos casos, a más de la mitad del muro. Esto representa que el abandono de las prácticas de conservación es anterior al de la explotación de la parcela debido a la generalización de la agricultura a tiempo parcial, a la que se suma el considerable aumento de los costes de mantenimiento de los muros.

NNNNNNNNN c) Los bancales como patrimonio.

Finalmente, un último grupo de trabajos se centra en los bancales como patrimonio a conservar. Las vertientes abancaladas configuran un tipo de paisaje agrícola de reconocido valor ambiental, cultural y estético. Representan el legado de una importante cultura de la piedra que nuestros antepasados supieron diseñar, ejecutar y conservar, al tiempo que conforman paisajes históricos que no han permanecido inmunes al paso del tiempo y que hoy en día experimentan un proceso de degradación desigualmente intenso y generalizado. Cualquier trabajo de ordenación de paisajes agrícolas abancalados debe tener en cuenta esa triple valoración: son estructuras que sirven para retener suelo y captar agua, creadas para la ampliación de la superficie agrícola y con una elevada potencialidad como recurso paisajístico.

NNNNNNNNN Esa consideración subyace en el seno de algunos proyectos desarrollados en la isla de Gran Canaria. En este sentido, el Proyecto Piloto Urbano Guiniguada, financiado por la Unión Europea contemplaba, entre sus objetivos, la realización de propuestas de conservación y restauración de las terrazas agrícolas existentes en el tramo medio y bajo de la cuenca. La selección de las terrazas a restaurar requería un minucioso trabajo de análisis, conducente a un diagnóstico de calidad para la conservación. Este diagnóstico se abordó considerando los valores ecológicos, estéticos y productivos de los bancales, confrontando luego el resultado con el estado de conservación de los mismos y con criterios de visibilidad. Entre los parámetros que entraron a formar parte de la valoración se incluyen aspectos diversos: papel regulador de la dinámica hidrológica de las vertientes, calidad constructiva de los muros, cualidades estéticas, integración de las actuaciones humanas en la unidad de bancales, etc.

NNNNNNNNN El resultado de este diagnóstico pone de manifiesto el predominio de las unidades de bancales de calidad para la conservación media (47,7%), seguidas de las de baja calidad (28.8%). En cambio, las unidades de bancales que resultan con alta calidad para la conservación suponen el 23,4% del total de unidades inventariadas, si bien ocupan una superficie notablemente superior (29,2% de la superficie abancalada). Puede verse al respecto el Mapa de Calidad para la Conservación, al final de este apartado.

En definitiva, la cuenca del Guiniguada, por la abundancia, riqueza y singularidad de sus espacios abancalados, constituye un atractivo laboratorio natural en el que poder investigar las características de estos sistemas antroponaturales.



Mapa de calidad para conservación de la 
superficie de bancales en los tramos medio y bajo del Guiniguada