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TERRISC

RECUPERACIÓN DE PAISAJES DE TERRAZAS
Y PREVENCIÓN DE RIESGOS NATURALES
LAS TERRAZAS DE CULTIVO EN CÉVENNES: PAISAJES CONSTRUIDOS Y RIESGOS NATURALES

Situadas al sureste del Macizo Central, las Cévennes constituyen una zona ejemplar para apreciar los riesgos que provoca el contacto de los vientos húmedos procedentes del Mediterráneo con las altas pendientes de una montaña media cristalina. Las altitudes se elevan brutalmente hasta los 1600 metros, y las precipitaciones pasan de 700 mm en Nîmes a más de 2000 mm sob en los relieves. Este sector del centro del Languedoc-Roussillon presenta las características comunes a las regiones mediterráneas, donde un relieve vigoroso y despoblado domina sobre antepaís densamente poblado y un litoral turístico. En esta configuración, resulta indispensable evaluar la respuesta del alto país al azar pluviométrico para prevenir los problemas de inundación río abajo. El episodio catastrófico del 9 de septiembre 2002 viene a recordar la dimensión de los sucesos.

Las terrazas de cultivo que, hasta 900 m de altitud, arman las laderas, han contribuido al control de las aguas y al mantenimiento de los suelos. Su degradación implica un aumento del riesgo de erosión e inundación. Describir la disposición de las terrazas en diferentes sectores de las Cévennes analizando los factores de degradación, así como estudiar el funcionamiento hidrológico e hidrosedimentario de pequeñas cuencas en el sector de Vallée-Obscure, cerca de Anduze, permitirá precisar el papel de protección de estos acondicionamientos.

Las Cévennes (ver mapa al final del texto) están caracterizadas por una extrema disección de relieves y por numerosos valles encajados que delimitan estrechos interfluvios (barrancos). El escalonamiento de amplios mantos de encinas, "chêne blanc" y castaños, cintas de praderas, landas de cumbres, es interrumpido por numerosos claros, donde construcciones masivas se elevan en medio de laderas encorsetadas por muros de granito, gneis o esquisto. La fuerte identidad de las Cévennes nace a la vez de la construcción de estos paisajes y del desarrollo de una economía agraria tradicional original, donde los castaños lindaban con moreras. Una sucesión de crisis religiosas, económicas y demográficas fue rápida y dramática a partir del siglo XVIII.

A eso hay que añadir la fuerte presión de algunos hechos físicos cuyas técnicas de control tradicional se replantean a menudo hoy en día. Existe en efecto un tipo “cevenol” de precipitación y de crecidas, caracterizadas por el imprevisto y el exceso. Esquistosas, gneisíticas y graníticas, las Cévennes se elevan por encima de su cubierta sedimentaria, Garrigas y "Causses", y la frecuente alteración de sus rocas da lugar a la erosión de las pendientes normalmente superiores al 50%. Las carenas han sido decapadas por la erosión. Las largas vertientes, a menudo regulares, difieren según su exposición: la pendiente de umbría es más larga y suave, la de solana más fuerte y rocosa. Ambas quedan interrumpidas por rellanos cortos donde se sitúan masías, aldeas y pueblos, por encima del estrechamiento de los valles originados durante los últimos episodios de hundimiento por causa de los cursos de agua.

Las aguas descienden rápidamente por un entramado de torrentes naturales ("valats") o acondicionadas ("robinas"), con lechos accidentados de cascadas y de represas, hasta los drenajes principales, colectores con perfil tendido, con cursos accidentados de gargantas y pasos rellenos de aluviones. Generaciones de hombres han luchado contra los arroyos, desviado y canalizado la escorrentia, y así se han protegido los suelos. El levantamiento de las Cévennes en el Terciario, responsable del rápido incremento de altitudes a partir del ante país, y por tanto del vigor de las pendientes, de la abundancia de precipitaciones y de la violenta erosión, ha favorecido igualmente el escalonamiento de cubiertas vegetales que han recubierto numerosos elementos antrópicos. La encina coloniza indistintamente escarpes rocosos y espacios laboriosamente construidos en la parte inferior -la más empinada- de las vertientes. Olmos y sauces bordean todos los lugares húmedos tanto de valles como de torrentes; favorecen las formaciones de vegetación y aluviones, y los desbordamientos en momentos de crecidas repentinas. Los rellanos que dominan estas primeras pendientes están ocupados por claros cercanos a los prados irrigados y a todos los cultivos próximos a los habitáculos: se trata de medios estables, donde las aguas se desvían para ser utilizadas. Alrededor, y río arriba, el espacio cubierto por castaños ha sido ganado a las encinas blancas. El sotobosque está igualmente protegido de los arroyos por diversas construcciones perpendiculares a las pendientes, a menudo en mal estado. Los prados superiores, en umbría principalmente, arrancados a los bosques de hayas y coníferas, fueron estabilizados por taludes de tierra sin empedrar ("ribas"). Por el contrario, landas de retamas, brezales y helechos, así como carenas rocosas, son espacios desnudos, de los cuales se exportan los materiales que encontraremos en los lechos del conjunto de la red hidrográfica.

De entre las imágenes tradicionales de las Cévennes, son numerosas las que están ligadas a las aguas, a la erosión y a los esfuerzos desplegados por el hombre para controlarlos. Se ven importantes cursos de agua barrados por muros labrados o presas ("paissièiras"), de los cuáles derivan canales ("bésals") de irrigación para los prados y los jardines. Los muros permeables de piedra en seco ("tancats" o "albarradas") retienen los sedimentos en los "valats", pero constituyen también puntos de partida de canales de irrigación. Sobre las vertientes, las aguas de escorrentía provenientes de las cumbres sin acondicionar son encauzadas y desviadas hacia arroyos mediante canales protectores desaguaderos ("trencats") igualmente utilizados como caminos. En el sector abancalado ("bancels", "traversiers"),las aguas son drenadas por fosas ("aguiers") excavados a los pies de los bancales. Bajo los castaños, numerosos pequeños muros ("parets"), más o menos continuos y espaciados cortan las pendientes. Las raíces y troncos de los árboles forman ellos mismos obstáculos para la escorrentía. El agua subterránea es captada por galerías excavadas en la roca ("mines") que desembocan en estanques arqueados en medio de parcelas acondicionadas en terrazas.

El agricultor de las Cévennes es a menudo representado portando a hombros los suelos perdidos de las superficies cultivadas o bancales ("faissas") después de una violenta tormenta. Los trabajos de acondicionamiento de piedra en seco son testimonio de esta larga tarea de creación de tierras cultivables sobre las pendientes y de la lucha contra la erosión. Cualquier rellano es cercado de muros de bloques de granito, gneis o esquisto y las pendientes más cercanas son labradas en bancales, donde los colores tiernos de los cultivos contrastan a veces con los colores piedra de los muros. Castaños y encinas enmascaran los espacios vecinos también aterrazados, pero hoy abandonados. Amplios sectores han sido convertidos en anfiteatros de bancales donde las aguas ya no corrían en superficie, al estar desviadas hacia fosas empedradas que servían también de caminos.

Algunas observaciones e interrogaciones pueden ser formuladas con respecto a la evolución de los bancales:

­- Los rellanos de la parte media de las laderas (en Aujac y Lamelouze, por ejemplo) están ocupados por largas y anchas terrazas próximas a aldeas y pueblos. Aún utilizadas para jardines y prados, son las que están mejor conservadas. Efectivamente, con suaves pendientes, los muros elevados crean terrazas horizontales favorables a la irrigación. Pero aún existen debilidades. Los muros son antiguos, las piedras se degradan, sobre todo en la región de granito por la alteración de la roca. La circulación de aguas subterráneas contribuye a colmatar con partículas arcillosas los intersticios entre bloques de los muros, sobre todo en la región de esquistos, y a volverlos impermeables, y por tanto sujetos a deformaciones y derrumbamientos. Las reparaciones son a menudo difíciles, incluso en estos sitios privilegiados. La limpieza de las fosas ("aguiers") a pie de muro, que desviaban el agua hacia el tálveg, ya no se hace. En caso de fuertes precipitaciones, el agua llega a correr de un bancal a otro, pudiendo desencadenar las torrenteras.

En el marco de las cultivos modernas (cebolla dulce de Viganais, por ejemplo), el riego por aspersión aumenta sin duda la presión del agua sobre los muros que habían sido construidos en otro contexto agronómico, el de la pequeña irrigación con “rayas”. Cabe destacar que el cultivo de la cebolla dulce que se estaba desarrollando considerablemente después de una decena de años, devuelve una nueva vida a las terrazas de cultivo cevenolas que ofrecen superficies planas, exposiciones de cotos y suelos drenados, y permiten disminuir los tratamientos fungicidas. El cultivo en estos lugares es una condición necesaria para la obtención de la denominación de origen. El problema de defensa de las terrazas frente a los riesgos naturales, de nuevo revalorizadas, está de actualidad. Pero las pendientes superiores ejercen un efecto de dominación sobre estos rellanos. En 1986 Saint-Germain de Calberte padeció arroyadas y deslizamientos difícilmente controlables, ocasionados por las aguas que ya no estaban desviadas por las rallas ("trencats") hoy en día colmatadas.

-­ El manto aparentemente uniforme de castaños, desarrollado a expensas de la encina, y sobretodo de la encina blanca, ocupa lugares variados. La castañera salvaje, en los sectores más elevados y alejados, generalmente en umbría, apenas está cortada por muros. Sobre las fuertes pendientes (a menudo superiores al 50 %) tiene lugar una erosión linear, como a umbría de Saint-Martin-de-Lanuscle, con la socavación de los troncos y con múltiples signos de erosión en superficie (descalzamiento de arbustos, terrazas en pie de vaca, etc.). La migración de los elementos finos del suelo es sin duda más débil actualmente que en épocas donde los montículos de césped eran incinerados "in situ" por “ecobuage”, las hojas y los helechos usados para el lecho de los animales, las bogas recogidas para secarse en "clédes", y las ramas usadas para producir carbón de leña. Estas prácticas antiguas cuestionan cómo consideraban los castañeros salvajes la erosión del suelo en los siglos XVIII y XIX: ¿es útil o perjudicial alimentar con tierra fina los bancales transversales rio abajo? Otra pregunta interesante concierne al rol actual de los espesos lechos de hojas de castaños. Algunas indicaciones útiles serán extraídas de comparaciones con sectores donde los castaños han sido reemplazados por pinos marítimos o silvestres. a

En sectores donde los castaños eran cultivados, diversos tipos de obras coexisten en las pendientes: muros bajos distantes entre si interrumpen una pendiente sin retocar (o acentuadas por el coluvión), muros en semicírculo alrededor de un solo tronco, terrazas donde la pendiente rocosa original y la "faissa" (superficie cultivada), se reparten a el ancho del lugar. Tanto en los bosques de castaños antaño cultivados, como en las terrazas cercanas a las viviendas, los acondicionamientos han sido importantes: "faissas" rellenadas para ser horizontales, muros elevados para compensar la pendiente, empedrado de los "aiguiers" por donde circula el agua. El medio se ha vuelto más estable, como lo demuestran los largos arriates en solana, abajo de Bonnevaux. Por el contrario, podemos interrogarnos sobre la influencia de las terrazas en materia de retención de agua comparado con las vertientes de igual pendiente pero sin aterrazar.

-­ A baja altitud, en solana, en la parte inferior de las laderas empinadas, donde se encuentra la encina, las obras de piedra en seco son numerosas (como en Saint-Martin-de-Lanuscle), pero muy puntuales al estar ligadas a micro-rellanos. Los suelos son delgados y su erosión activa. Cabe preguntarse si esta sección de las laderas no contribuiría a colmatar de gravas los lechos fluviales.

-­ En el lado opuesto, los taludes con hierba, o "ribas", existen cuando las formaciones superficiales son anchas, ya sea en la parte superior convexa de las laderas, ya sea por encima de los rellanos. Aquí la pendiente está cortada por taludes rellenos de tierra para obtener una parcela horizontal ("faissa"). Los "besals" conducen el agua a lo largo del talud, pudiendo regar la parcela inferior. La cobertura herbácea posee un elevado poder de protección de las pendientes (umbría del Valle Francés). Estos sectores tienen sin duda una elevada capacidad de retención de agua.

-­ La totalidad de la cuenca de recepción de algunos arroyos ha podido ser abancalada, lo que otorga al dispositivo un aspecto de anfiteatro. La circulación de aguas subterráneas está concentrada en ejes donde las formaciones superficiales son las más anchas. La escorrentía ordinaria queda subterránea, explotada a veces por minas de dre naje (así ocurre en los aledaños de La Vielle, en Saint-André-de-Majencoules, y gran frecuencia en el Viganais granítico). La escorrentía ocasional de superficie es desviada de la trayectoria que le impondría la pendiente de la ladera. Los senderos empedrados funcionan entonces como desagües ("aiguiers"), afluentes esporádicos del arroyo de abajo. Si esta función no fuera mantenida, las aguas desharían los muros y derrumbarían los rellenos de las terrazas. Estos acondicionamientos son de los más espectaculares y casi de los más perfeccionados, desarrollados en las laderas.

-­ Numerosos “pasos permeables” o "albarradas" truncan los tálvegs de diferente talla, a veces poco visibles en la ripisilva y las laderas arboladas. La Vallée Obscure, afluente de la Vallée Borgne en la comuna de Peyroles, se consolida como un reconocido ejemplo de rehabilitación de las construcciones hidráulicas tradicionales guiadas por el SAMGE de Gardons. Sobre una cuenca de 3,90 km², drenada por tres cursos principales y sus afluentes, se han contabilizado 465 albarradas. La altura de los muros alcanza al menos un metro, y supera a veces los tres metros. Resulta interesante leer la descripción que de este tipo de dispositivos hace J.CHAPTAL en un comunicado en 1799:
“Para rellenar el barranco o tálveg, [el campesino] comienza elevando un muro de piedra en seco al pie de la montaña, en toda su amplitud y de dos a cuatro metros de altura según la profundidad del mismo surco o arroyo. Este muro forma una especie de dique que opone su flanco al de los cursos de agua y los filtra, tanto que el agua se vuelve limpia; después de la tormenta o de una fuerte lluvia, las aguas se vuelven turbias por la tierra o los restos de piedra que transportan, depositan contra el muro casi toda la materia que arrastran, escapan casi puras a través de los intersticios de las piedras, y poco a poco, estos huecos se van rellenando. En el ángulo entrante, o hacia la punta del surco (bancal), se alza un segundo muro paralelo al primero. Este muro, que al igual que el primero detiene y filtra las aguas, determina un segundo aterrazamiento. Se procede sucesivamente del mismo modo hasta alcanzar la cumbre de la montaña. Gracias a esta ingeniosa actuación, se forman, se elevan aterrazamientos que cambian la ladera en diversas capas de tierra buena, dispuestas en peldaños en la cavidad del arroyo. Entonces las aguas corren sobre planos unidos, (...) y una montaña que antaño portaba la imagen de la destrucción no ofrece más que anfiteatros de tierra vegetal, sobre los cuales puede establecerse el cultivo más rico”.
Estas antiguas fuentes de información permitirán descifrar el funcionamiento de los dispositivos antierosivos, parcialmente olvidados hoy en día.

Los trabajos de desbroce de los tálvegs y de restauración de las albarradas ("tancats") llevados a cabo en la Vallée Obscure permitirán comprender mejor el rol de estas represas, de los cuales una alcanza seis metros de altura. Detrás de los muros, afloran los materiales dispuestos en superficie. Sería interesante disponer de zanjas que permitan conocer la granulometría del conjunto de sedimentos bloqueados por las albarradas. El nivel aluvial situado detrás de los muros está en el mismo nivel que las terrazas laterales que sin duda eran irrigadas. Pero con la ausencia casi general de vestigios de "bésals" nos preguntamos con qué técnica trajeron el agua. Estas obras plantean muchas otras preguntas: ¿qué relación existía entre las terrazas que dominan inmediatamente una albarrada y la pequeña superficie aluvial situada por encima de ésta? ¿A qué ritmo fueron construidas las albarradas? ¿Cuál es su capacidad de retención de agua? ¿Cuáles serán los impactos sobre la hidrología y los balances sedimentarios si su degradación se acentúa?

-­ Las presas ("paissièiras") edificadas perpendiculares a los cursos de agua más importantes tenían cómo función retener una reserva de agua que pudiera ser desviada (a veces sobreelevándola con la ayuda de norias) para el riego de jardines, huertos y pastos. Hoy en día, el riego se hace por aspersión (valle de Reynus en Taleyrac, Valleraugue). La vuelta al sistema de presas precisaría de un buen dominio de las procesos erosivos.

Jean­Marie CASTEX,
Claude MARTIN, Andrée DAGORNE et Éric BAILLY
TERRASSES ET ÉROSION EN CÉVENNES