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RIESGOS NATURALES Y ESPACIOS ATERRAZADOS EN MALLORCA
La isla
de Mallorca es la mayor del conjunto de islas que forman el archipiélago de la Baleares con una extensión de 3460 km2, buena parte de los cuales corresponden a sectores montañosas, y más concretamente a la Serra de Tramuntana (1000 km2), además de otras áreas con pendientes elevadas. Con una forma romboidal, las alineaciones montañosas de la Serra de Tramuntana cierran la isla por poniente siguiendo una dirección SO-NE, paralelas a la costa nord-occidental, mientras que las Serres de Llevant, con cimas que alcanzan los 500 metros, se sitúan en el Levante, dejando las llanuras y las grandes bahías en el centro de la isla.
Los muros de bancal constituyen uno de los elementos de piedra en seco más destacados de Mallorca, sobretodo en la Serra de Tramuntana donde han permitido acondicionar agrícolamente las escarpadas laderas montañosas. La importancia de los campos abancalados se entiende bien por la gran extensión que ocupan. Actualmente de los 17 municipios de la Serra catalogados se contabilizan 193 km2 de superficie abancalada que suponen unos 19000 km lineales de muros.
La necesidad de acondicionar tierras de cultivo en pendiente para hacer frente al riesgo de erosión y controlar el drenaje de las vertientes explica la abundancia de muros de bancal, pero el proceso de rotura de nuevas tierras y de creación de los muros fue potenciado por diversos factores: la alta rentabilidad de determinados productos como el aceite o el vino, el aprovechamiento de terrenos marginales o la parcelación en grandes fincas y tierras comunales. El gran desarrollo de la piedra en seco en Mallorca resultó evidente al constituirse un colectivo profesional de bancaleros, con herramientas, técnicas y terminología propia y con una topología constructiva muy variada, que alcanzó el grado máximo de evolución a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
En la mayoría de los casos la forma de construir y disponer los bancales no era aleatoria, sino fruto del conocimiento de los rasgos físicos de un lugar (pendiente, litología, red hídrica) y de factores humanos (límites de parcelas, necesidades del cultivo, capacidad técnica y de inversión y tradición constructiva). Por eso, todas las acciones encaminadas a preservar un área de bancales ha de priorizar el uso de las técnicas constructivas de piedra en seco.
Per això, totes les accions encaminades a preservar un àrea marjada han de prioritzar
l’utilització de les tècniques constructives de pedra en sec.
A causa del relieve, a pesar de caracterizarse por un clima marcadamente mediterráneo, en la isla encontramos una gran variedad climática. Las diferencias de precipitación entre los lugares más húmedos (1400 mm en las cumbres de la Serra y los más secos (300 mm en la península de Cala Figuera y el área de Cabo Blanco al sur de la isla) llegan a los 1100 mm anuales, no obstante no incide tanto en el número de dias de lluvia anual (60 en la línea de costa por 80 en la zona septentrional de la Serra). El régimen de lluvias mediterráneo hace que estas se concentren en otoño e invierno, con un máximo en el mes de octubre, y a veces en episodios muy violentos que pueden afectar cualquier punto de la isla que en ocasiones alcanzan los 100 mm en 24 horas. En la Serra de Tramuntana ocasionalmente han superado los 500 mm en 24 horas, mientras que en la franja litoral se han acumulado 400 mm en un día.
Los elevados registros pluviométricos se traducen en repentinas avenidas de notable poder destructivo, con procesos activos y acelerados de erosión y sedimentación. El agua que cae en las laderas se encauza en los tálvegs donde se forman cursos de agua llamados torrentes que acumulan el agua de cuencas a veces muy extensa. La isla de Mallorca presenta una gran erosionabilidad, especialmente en las áreas de montaña. Gran parte del territorio presenta ha sido labrado y roturado, hecho que ha multiplicado este riesgo, teniendo en cuenta las fuertes pendientes y la intensidad de las lluvias en esta zona. Uno de los problemas que surge en los bancales con poca pendiente y escasa cubierta vegetal es la abertura de conductos a través del suelo. Estudios realizados en el término de Alaró muestran cómo la formación de canales de erosión y deformaciones son las principales causas de derrumbamientos de los muros de bancal.
Por efecto dominó, al desmoronarse un muro la concentración del flujo superficial en el punto de ruptura hace aumentar la presión hídrica sobre los muros situados más abajo y así se incrementa la inestabilidad en estos puntos. La erosión que allí tiene lugar es más intensa, con una pérdida progresiva del material poco cohesionado.
La lucha antierosiva tradicional se ha basado en estructuras de piedra en seco, técnica constructiva notablemente perfeccionada en la isla. La actuación más habitual fue canalizar los cursos torrenciales entre muros de piedra en seco respetando el trazado natural y limitándose a construir bancales a ambos lados del lecho principal APRA evitar que las avenidas inundasen los campos de cultivo propios. En algunos casos se desviaba el trazado natural para no interferir tanto en la regularidad de las explotaciones agrícolas y permitir cultivar los fondos del tálveg.
En los casos más extremos se crea una conducción artificial (ralla) para desviar el agua de la tierras de cultivo. La desviación puede hacerse hacia un lateral del fondo del valle, hacia la parte exterior del terreno, hacia puntos endorreicos (simas) o hacia otras cuencas. Asociado a las canalizaciones se construían pequeños puentes para cruzarlos, muros dispuestos como si fuesen embudos y reconducían el agua hacia la canalización o tramos de canalización soterrados a manera de mina.
Es frecuente tanto en la Serra como en zonas más llanas la opción de invalidar los cursos naturales; de esta manera los cauces pueden transformarse íntegramente en tierras de cultivo. El método seguido es el de interrumpir el tálveg con sucesivos muros perpendiculares a la dirección del curso (parats) que aguantan las tierras de cultivo. Otros elementos hidráulicos son los albañales, formas de drenaje en galerías subterráneas de pequeña anchura que recogen las filtraciones de agua y las evacúan fuera del campo o hacia el curso de agua más cercano.
Los movimientos de ladera representan otro factor de riesgo a considerar. Se trata de fenómenos naturales del relieve que forman parte del ciclo natural de las vertientes en la búsqueda del equilibrio. Se trata procesos geológicos que suelen tener carácter puntual y pueden afectar todo tipo de materiales, topografía y área. La fuerza definitiva que actúa como desencadenante de estos movimientos es la gravedad.
El incremento de población a partir de finales del siglo XVII y de la consiguiente demanda de recursos alimentarios forzó al hombre a buscar nuevos espacios par labrar y cultivar. A causa del accidentado relieve de la Serra de Tramuntana el hombre se vio obligado a ocupar y modificar áreas de cultivo de naturaleza conflictiva donde se registran movimientos de ladera como son los deslizamientos, los movimientos de reptación y en menor mesura, la caída de bloques. El sector occidental de la Serra es el más afectado.
Los materiales que generan más problemas de deslizamientos en la isla son las margas, los yesos y las arcillas al tratarse de materiales impermeables que retienen el agua. La acumulación de agua provoca el aumento del peso del terreno retenido y por efecto de la gravedad se desencadena el movimiento de la ladera. A menudo, en bancales con aflojamientos de materiales cargosos y arcillosos, el empuje de la tierra se traduce en pequeñas deformaciones en los bancales (bombaments) y derrumbes puntuales de una sección del muro.
Los incendios forestales resultan un factor de especial relevancia para el área que llegan a afectar. En la temporada seca, los bosques se muestran muy vulnerables y las consecuencias sobre el medioambiente pueden ser catastróficas si no se adoptan medidas adecuadas de prevención.
Los efectos más inmediatos son la destrucción de cobertura vegetal que contribuye al mantenimiento del sustrato edáfico. En la época de lluvias, el agua corre por las laderas sin obstáculos y la pérdida de suelo se multiplica con respecto a una zona con vegetación de manera irreversible.
La vegetación suele colonizar rápidamente los campos abancalados abandonados. Con las terrazas invadidos por plantas, árboles y arbustos, se anula la función de corta fuego que realizan los bancales labrados y cultivados y se incrementa el riesgo de propagación de incendios en esta zona. Además, una vez quemados y sin cobertura vegetal, la capacidad de infiltración del sistema de bancales disminuye de manera que se debilita el sistema de regulación hídrica.
Con los problemas que representan los riesgos naturales en la Sierra, hoy en día no se puede entender el mundo rural sin tener en cuenta las construcciones de piedra en seco. En un área donde las precipitaciones pueden ser puntualmente muy intensas, los elementos constructivos y los cultivos en bancales resultan imprescindibles para controlar y gestionar los recursos hídricos y regular los procesos erosivos asociados.
Con el abandono de campos de cultivo en bancales, a raíz del desarrollo económico y de la terciarización de la sociedad, no sólo se pierde un valioso patrimonio cultural y paisajístico sino que se contribuye a la degradación del sistema de regulación hídrica de los bancales y se incrementa el riesgo de avenidas aguas abajo.
Conocer el funcionamiento interno de los bancales y de las características físicas del medio esta en la base par una correcta conservación de los espacios abancalados. Se ha de entender el área abancalada como un sistema complejo en el que intervienen numerosos factores como son las características constructivas de los muros, la capacidad de infiltración del suelo o el uso de las diferentes técnicas para drenar los bancales.
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